Brama la herradura de mi existencia
desgarrando las rutas de mi carne,
taponando circuitos de mi sangre,
robándome la vida sin clemencia.
Me enfrento a tí, oscuridad y daga,
con corazón valiente y abatido
en siniestra hora del alarido,
viscosa sombra que todo lo apaga.
El último respiro ya se acaba,
y en él crezco, y revivo lo amado,
pues crece el relieve de lo gozado...
¡y río mi última carcajada!
Fdo: oLaYa.

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